Bajaba al hall solamente en las horas de las comidas y algunas noches permanecía en él un rato más, para tomar café, cuando los amigos iban a visitarle. Pero en general se quedaba en sus habitaciones pensando y trabajando.
Don Antonio está flaco, macilento. Tiene el rostro descarnado, amarillento, anguloso. EStá casi calvo (…).
(Carlos Aganzo)
Obra perteneciente a la colección “las Ciudades de Machado”









